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Sexo Anal
2005-07-24 - 42839 accesos - 60 comentarios
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No, no es una metáfora, quiero hablar del coito anal.

El sexo anal es una práctica más dentro del juego sexual. A menudo el desconocimiento de esta práctica lleva a que intentarlo sea desagradable y doloroso. No es tal. Es una experiencia que bien hecha puede ser placentera no sólo para el que penetra, sino también para el hombre o la mujer penetrada. Y no está exenta de cierto morbo.

El ano y la primera parte del recto (o la última según se mire) están inervados en parte por los mismos nervios que los órganos sexuales, no sólo por una cuestión de proximidad, sino por la prosaica y nada romántica razón de que retener y expulsar las heces de una forma placentera es una ventaja evolutiva. Así que sentir placer en la estimulación del ano es normal y fisiológico. En el varón además se añade la existencia de la próstata que se puede palpar a través del recto. Es una glándula relacionada con la sexualidad que genera parte del contenido del semen y cuya estimulación, además de ser placentera, provoca una eyaculación que suele estar unida al orgasmo salvo para aquellos hombres que tienen la paciencia y fuerza de voluntad de practicar el tantrismo.

“El culo está diseñado para que salgan cosas y no para que entren” Es una frase que ha salido muchas veces en las conversaciones que he tenido al respecto. No es cierto, el ano tiene un esfínter no una válvula. Es un anillo de músculo cuya contracción y relajación es voluntaria. Cuando se abre, simplemente se abre, no se abre en un sentido y en otro no. La capacidad de distensión y la elasticidad del recto son más que suficientes para alojar un pene. De hecho habrás expulsado heces consistentes de un grosor mayor al pene medio europeo sin demasiado esfuerzo.

¿Por qué resulta doloroso entonces? Por una insuficiente lubricación y dilatación. Durante el acto sexual, el esfínter anal se relaja, en hombres y en mujeres. Pero no de una forma tan eficaz como la vagina. El ano no está lubricado, así que es imprescindible lubricarlo. La lubricación propia del pene no es suficiente, ni siquiera cuando esta lleno de la lubricación de la vagina si es el caso. Hay que añadir un lubricante. En la famosa escena de “Último Tango en Paris” (B. Bertolucci, 1972) el protagonista usa mantequilla. En fin, los aceites no son recomendables: son ácidos y pueden irritar el ano. Lo mejor es usar un lubricante de base acuosa. En sexshops (tanto lugares físicos como en Internet) y en farmacias hay cremas lubricantes hechas especialmente para ello. Estas son las más recomendables. Otro detalle a favor es que estos lubricantes de base acuosa, a diferencia de los de base oleosa (aceites, vaselina), no dañan los preservativos.

El sexo anal es la práctica sexual de mayor riesgo de contagio de enfermedades sexuales transmitidas por virus: SIDA, hepatitis… entre otras. Así que salvo quizás en relaciones estables y fieles en los que se conoce bien a la pareja, se debe realizar siempre con preservativo. Igualmente no se debe penetrar la vagina de nuevo, si fuera el caso, o la boca, sin haber limpiado el pene o cambiado el preservativo. La flora del ano es propia del ano y no debe entrar en contacto con la uretra femenina o la cistitis será más que probable.

Antes de realizar una penetración anal, la persona que va a ser penetrada debe estar excitada y relajada, se deben haber realizado los tan aconsejados juegos preliminares, etc. En este momento es cuando se puede lubricar la zona, no sólo el pene, y dilatar el ano introduciendo primero un dedo, después otro, etc. Despacio, con cariño y prestando atención no sólo a lo que diga tu pareja si no a su lenguaje corporal (si se tensa, si se crispan sus músculos, la expresión de su cara, etc.). Una vez dilatado y lubricado el ano, se puede introducir el pene. Con el mismo cuidado y cariño, pero con decisión. A partir de aquí, ya es una cuestión de que ambos sepan encontrar su ritmo.

En esta práctica el tamaño sí es importante, concretamente el grosor. Un ano no “iniciado” y un pene grueso suelen ser mala combinación. De ahí que la dilatación previa con los dedos sea importante.

Si durante la penetración se siente dolor se debe abandonar la practica. No hay que aguantar. Si duele se deja. Es una práctica que puede molestar algo, pero no debe doler. No es una cuestión de masoquismo o sadismo. El dolor avisa de que el ano se está distendiendo demasiado. Podría producirse una fisura o un desgarro en la pared. Exactamente igual que en la vagina si está contraída o no está lubricada adecuadamente.

En fin, repito: es una práctica más, que puede ser muy placentera para ambos si se hace sin brusquedades. Conviene desechar los tabúes que la rodean y, si apetece, probarla.


Reflexión Sexualidad